sábado, 30 de mayo de 2009

Revolución y el Grito Libertario de los Katari

Toda revolución es el resultado de un proceso largo, no ocurre de un momento a otro. En consecuencia, la Revolución de 25 de mayo y la del 16 de julio de 1809, son revoluciones secuestradas y distorsionadas del espíritu de sus verdaderos gestores. Y pretenden negar estas son la culminación del grito libertario de los pueblos y naciones originarias indígenas, que se sublevaron y sitiaron los símbolos del invasor español en Sucre y en La Paz, en varias oportunidades.

Estos movimientos (re-) liberadores, se gestaron con más claridad en Oruro, desde los años 1770 - 1771, donde los indios aymaras y quechuas se levantaron en contra de las autoridades invasoras del imperio español. Esta ciudad, “se hallaba amenazada por la invasión indígena (…) lejos de disponerse a la defensa, se alborotaron” (Fernández: 1975: 30). Es decir, en vez de asumir defensa, así como lo hicieron los de Sucre ocho años después en contra de Tomás, Dámaso y Nicolás Katari, los vecinos, mestizos y algunos criollos se sumaron al movimiento indígena, a la cabeza de Sebastián Pagador, el 10 de febrero del 1771.

En vista de la avanzada, y luego, toma de la ciudad por parte de los vecinos y los indígenas, los cronistas indican que “las autoridades invasoras se asilaron en una casa de la Plaza del Regocijo, la misma que fue atacada e incendiada por los indios, pereciendo todos los refugiados; el corregidor Urrutia, fugó” (Fernández: 1975: 31). Sin embargo, también se da cuenta que no fue una sola la casa que utilizaron como refugio, sino muchas. Pero, el más importante fue el que mencionamos.

En cuanto se refiere a algunos líderes de esta revuelta o levantamiento tenían origen criollo como los, Menacho y Herrera y algunos indios como Jacinto y Juan de Dios Rodríguez. Estos y otros líderes fueron los que condujeron la insurrección. Como acotación, este sería el primer cerco a uno de los símbolos del poder español, durante esos años (1771). Suceso que culminó con la toma del gobierno y la ciudad a manos de los indios.

Cuando afirmamos, que los indígenas tomaron los símbolos del poder invasor, nos referimos a los hechos innegables con los que cuenta la historia. Porque después de la toma e incendio de los lugares públicos y el desconocimiento al poder y al mismo gobierno de los invasores españoles, el escudo Real fue pisoteado por insurrectos, y terminó deshecho en mil pedazos (Fernández: 1975). Es decir, cayeron los poderes públicos y las autoridades españolas. Por lo tanto, se erigió el nuevo poder con todas las ceremonias de posición, institución y gobierno, conformado por criollos, mestizos y un par de indios. Debemos decir que en la ceremonia mencionada los que no eran indios, más sus mujeres, fueron vestidos con ropa indígena para la respectiva posesión y juramento. De esta forma se había instaurado un nuevo gobierno en nombre del pueblo.

El discurso de esta rebelión era claro, tanto de los criollos y los indios. Los primeros indicaron que la Corona española oprimía bestialmente a los indios y era imprescindible la libertad de esta opresión. Mientras los segundos, estaban dispuestos a desconocer a las autoridades y constituir otros, de modo que, en alianza, se conformará un nuevo gobierno.

De esta forma encontramos que, este es el primer antecedente de un nuevo gobierno del pueblo y la primera destitución de las autoridades… españolas; aunque luego fue reprimida cruelmente, depuestos, y finalmente encarcelados los integrantes de este inicio de nuevo gobierno criollo-indio rebelde y liberador.

Es interesante observar que estos movimientos e insurrecciones, fueron los idearios de Tomás Katari, que emprendería luego su lucha seis años después, evidentemente con diferentes demandas, así como veremos más adelante.

Mach'a: Cuna de hombres libres

“Tomás Katari, era un curaca aimara de Chayanta…” (Cambio: 25-05-09), mencionan algunas fuentes. Además, sabemos que procedía de un pequeño pueblo habitado por los indios, la cual era Mach'a, este fue la cuna de Katari, a la cual se identificaba como principal foco de rebelión, incrustada en el departamento de Potosí.

El maestro de los pensamientos libertarios, es la suma de dos elementos: la memoria de la historia oral india y sabiduría del sistema ayllu, y el mismo diario vivir en la opresión. El era víctima del absolutismo y la violencia española, más allá de ser autoridad. Por supuesto, peor suerte tenían los que no eran ninguna autoridad indígena. Esta es una de las razones que inducían a las mujeres a matar a sus hijos en vista del futuro mit’ayaje – condiciones de esclavitud – que les esperaba. Se sabe también que los mit’ayos nunca regresaban de las minas de Potosí a sus comunidades. Por lo tanto, las madres, en el momento que empadronaban a sus hijos, sabían que además, era una despidida anticipada; sabían que la muerte de su hijo era lo más probable ocurrería. Todo ello presenció Tomás Katari como autoridad. Se verá entonces que son estos los elementos constitutivos concienciales que conformaron las doctrinas de libertad del kuraka Katari.

Tomás Katari y el Grito Libertario

Podemos encontrar entonces, que Tomás Katari, vive y siente la opresión en su afán de hacer realidad la rebaja de los tributos. Se da cuenta que no solo es el tema de los tributos, sino la mit’a, la expropiación de las tierras y finalmente el desconocimiento de su autoridad y la de otros, por los invasores (denominados diplomáticamente colonizadores). Estos son los hechos, que dan lugar al periodo organizativo, de la insurrección indígena desde los principios del año 1777.

Los invasores habían desconocido a las autoridades indias. Por ejemplo cuando un kuraka se presentaba en las reparticiones centrales de Potosí, Charcas y otros, para reclamar sus demandas y reclamos era derivado a los corregidores de las secciones y provincias, indicando que existían autoridades instituidas en las comunidades, y no era necesario que ellos suplantaran a éstas, lo que era un delito. De esta manera nunca se lograban resultados. De ahí que Tomás Katari, se sublevará por primera vez en 1777 con miles de indios aymaras y quechuas. Este levantamiento se propagó como el fuego en todos los ayllus de las provincias de Potosí y de Charcas. Y a finales del mismo año, después de fracasar en sus demandas con las autoridades locales se vio obligado a trasladarse a pie desde Potosí hasta Buenos Aires, una distancia de 600 leguas, para entrevistarse con autoridades del virreinato; es decir, con el mismo virrey. Donde, finalmente, logró arrancarle un decreto de reconocimientos de los derechos de los indios y su reconocimiento como autoridad y cacique. Este documento estaba firmado por el virrey Juan José Vértiz. Hasta lograr esta hazaña, había pasado cerca a un año desde el primer levantamiento indígena.

Después de haber retornado a Potosí, Katari empezó a socializar el logro. Entre ellas, se cuenta con la restitución de las tierras que habían sido repartidas de manera forzosa por los criollos y las autoridades invasoras. En vista de que tal decreto y el reconocimiento oficial de autoridad como cacique a Tomás Katari y más la difusión del mismo, el peligro era inminente para las autoridades locales europeas. Por lo tanto, “…el corregidor don Joaquín de Alós remitió a Potosí” (Fernández: 1975: 30). Es decir, capturó y encerró a Tomás Katari, en la cárcel de Potosí, un 15 de enero de 1779. Después de esta detención, menciona Fernández, “las autoridades reiniciaron los repartos forzosos que expropiaban gran cantidad de tierras a los indígenas”. Está claro que esta medida tenía dos objetivos premeditados: la represalia y escarmiento para que los indios no se alcen nuevamente y la eliminación del ayllu, que era el oxígeno de los comunitarios.

Sin embargo, la reversión de las tierras comunitarias, pasa a un segundo plano y la libertad de Tomas Katari será ahora una de las principales demandas propagadas por todas las comunidades de Potosí y hasta Charcas (Chuquisaca). Son sus hermanos (Dámaso y Nicolás) que con las medidas, inician su liberación.

Este levantamiento tuvo su epicentro mas alto un 12 de agosto de 1780, donde los indios “se tumultuaron en Macha y degollaron a Bernal y poco después cuando se formaba en Pocoata el padrón para la mit’a en Potosí, prendieron a Alós y otros españoles…” (Fernández: 1975: 30). Se sabe que el único que logró escapar fue el cura Arzadumi. Recordemos que es después de esta derrota a manos de los indios, que el clero se trasladó a Chuquisaca para buscar la forma de liberar al prisionero (al corregidor Alós). Como la demanda de los indios era la libertad de Tomás Katari, el cura ideo y propuso el canje de Alós por el prisionero indio. Esta transacción se hizo realidad.

Después de su libertad, Tomás Katari se puso a la cabeza del movimiento libertador de los pueblos y naciones, porque solo se había realizado el canje de personas, las demandas indígenas como la suspensión de los repartimiento de las tierras, el mit’anaje, el tributo y otras, no habían sufrido ninguna modificación. Al contrario, estas medidas se profundizaban.

Podemos entender así que para Tomás Katari, la guerra por la libertad contra los invasores no tenía tregua alguna, de modo que “…se propagó el alzamiento por los pueblos de Charcas, Oruro, Cochabamba y La Paz” (Fernández: 1975: 30). Dicho de otra forma, es y será la primera insurrección de características gigantescas, que traspasarán las fronteras de la organización territorial interna del invasor. Es decir, los actuales departamentos de Chuquisaca, Oruro, Cochabamba, La Paz, y Potosí, estaban sublevados contra las autoridades europeas encabezados por el líder indio Tomás Katari.

Este tercer levantamiento, pero de mayor trascendencia, tuvo una duración de cinco meses, aunque no tan consecutivas. Durante estos meses, la cumbre del proceso liberador será a principios de enero de 1781, donde la Audiencia de Charcas al verse casi derrotada en diferentes batallas de guerra, mandó fuerzas militares de refuerzo con la misión exclusiva de capturar a Tomás Katari. Dicha guarnición estaba encabezado por el Capitán Manuel Acuña, quien conseguiría su objetivo.

Como se habrá visto, la única forma de derrotar a los indios en esta guerra por la liberación de los pueblos, era capturando a Tomás Katari, y si acaso continuaba o se agravaba la insurrección, existía la orden de matar a este líder indígena. No otra cosa se comprobará en las siguientes facetas del episodio cruel.

En respuesta a la captura de Tomás Katari, los indios alzados radicalizaron la insurrección y avanzaron hacia sus enemigos hasta tomar Chataquilla, donde se encontraba el Capitán Acuña y sus militares, con la finalidad de recuperar al líder indígena y acabar con sus enemigos. Y “Acuña mandó matar a Catari y los victimarios pagaron allí mismo con sus vidas…” (Fernández: 1975: 31). Pero es necesario indicar que la captura y posterior asesinato de Tomás Katari, sólo fue posible gracias a otros aliados más.

Es decir, Tomas Katari es ejecutado el 9 de enero de enero de 1781, por ser el ideólogo del grito libertario de las naciones oprimidas. Esta tercera batalla por la reconquista de la libertad de los pueblos y naciones oprimidas, se habría prolongado por cinco meses. Sin embargo, como precio a este hecho criminal, los asesinos de Katari, fueron ajusticiados en el mismo lugar donde fue ejecutado el líder indio. Pero este movimiento continuará y únicamente será derrotado por la traición de los indios de Pocoata y Aullagas, así como veremos mas adelante.

En resumen, en cuanto se merece y por lo acontecido durante los cuatro años, Tomas Katari sería nada menos que uno de los principales ideólogos del Grito Libertario de los Pueblos y Naciones Originarias, que fue oportunistamente secuestrada, infiltrada y hasta expropiada por los criollos y mestizos, veintinueve años después.

Los inca lipes y el poder de las miserias

Después de la ejecución del indio indomable y célebre, sus hermanos Dámaso y Micolás, “asumieron el mando y ocuparon los pueblos de Pitantora, Quilaquila y Potolo y cercaron Chuquisaca con 12.000 indios. En defensa de Charcas, estuvo todo el vecindario” (Fernández: 1975: 31). Frente a esta avanzada, los miles de indios, los cronistas afirman que estaban a punto de tomar la ciudad de Charcas (hoy Sucre) en dos ocasiones. Por lo tanto, a los sucrenses, les quedó claro que los indios eran sus enemigos, por ello “juzgaban el levantamiento con criterio español”(Fernández: 1975: 33).

Como se habrá notado, los vecinos se levantaron en defensa, no solo de la ciudad ni en defensa propia, sino también a favor de las mismas autoridades españolas. Inclusive juzgaron a estos revolucionarios indios con razonamientos españoles y racistas. Es decir, como un movimiento irracional, que no tenía razón de ser. Entendemos que esta actitud no era “anormal” pues recordamos que los indios eran considerados como seres inferiores a los de la misma ciudad y a las de las autoridades españolas. En consecuencia, después de dos ataques serios de los indios, la Audiencia de Charcas ofreció por la cabeza de cada uno de estos líderes (Dámaso y Nicolás) la suma de dos mil pesos. La condición especificaba que no se distinguiría se capturaba vivo o muerto a estos cabecillas.

“Los indios venales de Pocoata y de Aullagas, entregaron a Dámaso y Nicolás, respectivamente, para su ajusticiamiento (7 de abril y 7 de mayo) y sólo les tocó a dos reales a los judas de la multitud de traidores” (Fernández: 1975: 31). Pero este movimiento, no es derrotado ni vencido en su objetivo de tomar la ciudad de Charcas, hasta que el último insigne indio Nicolás Katari cayera en manos de los invasores españoles. Sólo así se detendría el avance de los revolucionarios el 7 de mayo de 1781, gracias a los indios traidores, los que se constituirían en los Inca Lipes por el poder de las miserias. Sin embargo al final, como pago, sólo recibieron una miseria de dos reales a cambio por la traición de la libertad de las naciones y pueblos oprimidos.

Los resultados fueron que luego de años de rebelión el levantamiento indio había traspasado fronteras, prácticamente lo que hoy es Perú. Es decir, el levantamiento libertario se hacía continental con Tupaj Amaru. Luego, la revolución de los pueblos y naciones indígenas, había pasado de manera natural y gradual a manos de Julián Apaza, quien en memoria de Tupaj Amaru y Tomás Katari, había adoptado como su nombre revolucionario “Tupaj Katari”. Quien reemplazó y fortaleció a los hermanos Dámaso y Nicolás un 13 de marzo del mismo año. Es decir, antes de la ejecución de Dámaso y Nicolás Katari. Así el cerco a Chuquisaca sería aniquilado y el nuevo centro de la liberación se trasladaría a La Paz, esta vez bajo nuevas condiciones y un líder nacido en las comunidades de Ayo Ayo.

Conclusiones y reflexiones finales

Bolivia desde los años 2000 hasta el presente atraviesa una crisis política e ideológica de enfrentamiento de dos sistemas totalmente opuestos: el sistema ayllu y el liberalismo, más allá de los intereses particulares de grupos o sectores que pudieran existir, ajenos a esta contradicción.

Este enfrentamiento se ha traducido en una guerra medular de definiciones ideológicas y políticas estructurales. Durante este proceso, el sistema ayllu, después de la sobrevivencia, durante la invasión, ocupación y la república, en la esfera de la superestructura, ha empezado ha dar sus primeros pasos, proceso éste, llamado como el Pachakuti. Descubrimos que el ayllu “…no solamente fue la base de los distintos estadios de la evolución social aymaro-quechua, sino que permaneció vigente también en la colonia y la república…” (Salazar: 1992: 40). Y esta pervivencia significaría otra guerra por ganar a los invasores. Porque también la existencia de “una religión con la creencia en un Ser Supremo, una legislación, una sabiduría con respeto al cultivo, una ciencia médica, una moral que se respeta y se cumple…” (Salazar: 1992: 39). Eran los oxígenos de vida y la rebelión de los indios. Por tal causa se entiende que la manera de eliminar el ayllu era justamente expropiando las tierras y desconociendo autoridades nativas.

Este es el problema de fondo que aun no se ha discutido o no se quiere debatir. De manera que frente al avance de la rebelión de los ayllus, la reacción evidente, del afectado, es decir, del liberalismo es similar a la de los años 1771 – 1781. Hay que recordar que en aquellos años, cuando los indios se levantaron en guerra contra la ocupación, los invasores y sus aliados, actuaron igual que los mismos de hoy. Lo único que ha cambiado han sido las formas, los representantes y los actores.

Como prueba de lo dicho, de esta guerra de los 10 años (1771 - 1781), cuando los indios revolucionarios se levantaron para expulsar a los ocupantes europeos y sus aliados, a la cabeza de los kataris, los criollos y los mestizos, actuaron en contra de los indios de forma racista y criminal. (“Juzgaban el levantamiento con criterio español” – Fernández: 1975: 33 - ) . Es decir, pensaban y actuaban igual que los españoles. Considerando a los indios como simples animales de carga. Además, los mestizos y los vecindarios urbanos de Charcas se aliaron a los invasores españoles activamente combatiendo el avance revolucionario indígena, con argumentos, hechos racistas y violencia criminal organizada. Por ejemplo los criollos, mestizos y los vecindarios plebeyos sucrenses juzgaban a los indios, con “criterios españoles”. También, indicando que estos rebeldes que pretenden buscar la libertad, expulsando y desconociendo a las autoridades de la Corona española, eran simples salvajes, bestias y criminales. Por lo tanto, sus sublevaciones no tenían razón de ser. Aun cuando los indígenas eran la mayoría, no eran considerados como seres humanos, como ejemplo, veamos las siguientes referencias tomadas de Fernández.

“A nadie…se le ocultó que la raza indígena era tan superior en número como inferior en calidad…” (Fernández: 1975: 33). En consecuencia, como castigo a su condición de indios y próceres del proceso revolucionario indígena de las naciones, fueron brutalmente capturados, torturados y atrozmente descuartizados, y ejecutados. No otra cosa es lo que sigue: “La Audiencia anegó en sangre indígena las calles i plazas de la capital – Charcas -. Para escarmiento de las jeneraciones presentes i de las venideras” (Fernández: 1975: 33). Otro hecho criminal y salvaje. “El 17 de Marzo – dice – fueron ahorcados 11 rebeldes en el Prado por la mañana; i por la tarde azotados i mutilados 14 en Plaza Mayor” (Fernández: 1975: 33).

Estos actos de barbarie no eran de pura casualidad. Al contrario, se tiene prueba que estaban bien planificadas. Por ejemplo, para las fechas y actividades importantes históricas españolas, las principales calles y plazas de esta ciudad eran bañadas con la sangre india, y obviamente decenas de indios eran sacrificados para tener la cantidad suficiente de sangre. Y la ejecución o el ahorcamiento de los 11 indios rebeldes obedecían como sacrificio humano para dar inicio a la audiencia (sesiones) de Charcas (Sucre), por la tarde, los otros 14 indios, eran torturados antes de ser descuartizados para dar fin a dichas sesiones en plena Plaza Mayor (Hoy Plaza 25 de Mayo). Por último, sobre estos episodios de espanto, todos los descuartizamientos, ejecuciones, el regado de sangre y otros actos horrorosos, eran efectuados bajo el repique de la campana de la actual Catedral, que servía para dar el inicio de estas atrocidades.

Por otra parte, en cuanto se refiere a la Universidad, a quien se le atribuye como la “cuna de los intelectuales libertarios”, los doctores y los universitarios de aquellos años no son como se cree los “gestores y promotores de la libertad”. Los datos históricos son abrumadores, por ejemplo “...la Universidad de San Francisco Xavier nunca fue revolucionaria, siempre fue conservadora” (Cambio: 24-05-09). También se encuentra que como prueba de su lealtad en contra de los indios, “…fue premiada por Carlos III por su participación en la captura y asesinato de Tomás Katari y su hermano…” (Cambio: 24-05-09). Y no solo tiene el atributo de asesinos ni captores, sino el racismo recalcitrante les acompañó a dichos atributos. Así se comprueba que “…a los indígenas se los veía como instrumentos de servicio” (Fernández: 1975: 33). Es decir, como a los animales de carga.

Hasta aquí los hechos históricos después de los 229 años de los levantamientos indios, son irrefutables. Los sucrenses y los doctorcitos del supuesto grito libertario de los 200 años, no aparecen tan libertadores ni revolucionarios como lo cuenta su historia oficial. Y podemos afirmar que sus descendientes políticos y los universitarios, después de dos centenarios, continúan siendo los mismos de ayer. Para demostrar y comprobar esta hipótesis, bastan dos ejemplos. El primero. Durante las sesiones de la Asamblea Constituyente, en sus últimos tramos, a todo indígena y emigrante de las áreas rurales se les identificaban a partir de su color de la piel y la pertenencia étnica para luego juzgarlos como “indios y llamas aliados del masismo”. No otra cosa fue cuando los constituyentes sesionaban en el Liceo de la Glorieta, por falta de garantías, en los enfrentamientos de los sucrenses a la cabeza del Comité Interinstitucional, con los efectivos del orden policial, capturaron a unos tres jóvenes de El Alto, luego estos fueron torturados y finalmente vejados y humillados con calificativos de “indios y llamas”. Y el segundo hecho que traspasó la imaginación y la brutalidad con que actuaron, fue el vejamen que ocurrió el 24 de mayo del 2008, como homenaje vespertino de los 1999 años del grito libertario de Sucre, hecho por demás conocido por la opinión pública.

Este episodio traspasó los límites de la razón, mas de 100 indígenas fueron secuestrados, capturados y luego conducidos a puro golpes, torturas y de rodillas hasta la Plaza 25 de Mayo, en Sucre. Es decir, fueron violentamente humillados, por su condición de indios. Las elites políticas, dirigenciales, autoridades municipales y universitarias, habían reaccionado como sus antecesores coloniales. Una investigación, publicada por la revista el Domingo afirma que… “Existen testimonios de que les orinaron, les obligaron a comer heces de perro mientras los golpeaban” (Domingo: 24-05-09). Mientras otros racistas universitarios, dice en esta investigación, durante el trayecto y la tortura, amenazaban, “(…) te vamos a matar, que liquiden a este indio…” (Domingo: 24-05-09).

En respuesta a los 229 años de la negación a la libertad de los pueblos y naciones indias, y al Bicentenario criollo, reconstituyendo en hechos reales estas revoluciones, las organizaciones indígenas, grupos de intelectuales, juveniles, autoridades locales y nacionales, se han dado a la tarea de iniciar los festivos a los 228 o 229 años del Grito Libertario de los Pueblos y Naciones, desde el 13 de marzo organizado por diferentes instituciones como el Instituto Normal Superior de Warisata, Alcaldía de Achacachi, Jóvenes Indianistas y Kataristas de El Alto y otros, como el Primer Grito Libertario de Abya Yala. Que en su parte central sentenciaría: “Es tiempo de restablecer los valores de nuestros ancestros…debe restablecerse nuestros ayllus primigenios” (Rojas; Fernández: 2009).

En cuanto se refiere a las organizaciones indígenas de Chuquisaca, la CSUTCB, el gobierno y otras organizaciones sociales del país, dieron la estocada final, (al verdadero Bicentenario de los indios) con las actividades de respuestas a los criollos, programados desde el 22 hasta el 25 de mayo. Por ejemplo el 23 de mayo se rindió homenaje a Tomás Katari, en mismo lugar (Chataquilla) donde, hace más de 228 años, fuera asesinado. He aquí la sentenciarían los indígenas de Chuquisaca, que ya pasaron 229 años del Primer Grito Libertario del Continente. Ha esto agregaría el Presidente Morales, que “…casi estaría segurísimo hermanos y hermanas, el primer grito libertario ha sido acá a la cabeza de Tomás Katari…” (Cambio: 23-05-09). El 24 de mayo, será la toma y la ocupación de la ciudad de manera simbólica, una gran marcha indígena llegó hasta la Plaza Tomás Katari en Sucre, (Día de lucha contra el racismo, en homenaje a los vejados del año pasado). Y este acto, es nada mas ni menos la derrota anticipada de los del Comité Interinstitucional, en el futuro inmediato.

En resumen después de 229 años de los levantamientos de los líderes indios y el Grito Libertario de las Naciones Originarias, podemos sintetizar en las siguientes conclusiones:

El ayllu y la lengua indígena son el pulmón, sobre las cuales se han tejido las revoluciones de los katari y se seguirán tejiendo hasta la liberación de los indios. Este es parte indisoluble del sistema ayllu de liberación. Sin ella los pueblos de estas partes hubiesen perecido.

Después de los asesinatos de los indios, la independencia de los criollos se dió sobre el aplastamiento de los indios líderes, y mas tarde como prueba irrefutable, estos criollos no rompen con el viejo orden colonial. De modo que la independencia es un mero simulacro.

Para concluir, los nuevos Bernales, Alós y Acuñas (captores y asesinos de los Kataris), (Barron, Nava, Cava y otros) y otros nuevos traidores indias e indios de Pocoata y Aullagas (Cuellar, Fabricano, Vélez, Calle, Apaza, Cárdenas y otros). Se juntaron también a sus nuevos amos y aliados como los Costas, Cossío y Suárez, (quienes representan a los nuevos Pizarros, Goyeneches y otros), para realizar el Bicentenario del racismo y el asesinato.

Dicho de otra forma, es una batalla por reconstruir lo nuestro y empezar la definitiva liberación de las naciones. Empezando por la reconstrucción de la historia real.

BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA

FERNANDEZ, Emilio. La Revolución del 25 de Mayo de 1809. Biblioteca del Sesquicentenario de la República. La Paz, Bolivia. 1975.
HURTADO, Xavier. El Katarismo. Hisbol. La Paz, Bolivia. 1995.
ROJAS; FERNANDEZ, Manuel; Juan. El Primer Grito Libertario de Abya Yala. Municipio de Achacahi. 2009.
SALAZAR, Mostajo Carlos. La Taika, Teoría y práctica de la Escuela – Ayllu. Juventud. La Paz, Bolivia. 1992.

CAMBIO. Periódico estatal. La Paz, Bolivia. 23-05-09
CAMBIO. Periódico estatal. La Paz, Bolivia. 24-05-09
CAMBIO. Periódico Estatal. La Paz, Bolivia. 25 – 05 – 09
DOMINGO. Periódico La Prensa. La Paz, Bolivia. 24-05-09
También puede encontrar este trabajo en: http://bo.globedia.com/revolucion-grito-libertario-katari